En medio de la rutina diaria, a veces olvidamos que pequeños actos pueden marcar grandes diferencias en la vida de alguien más. Hoy, tuve la oportunidad de vivir una experiencia que invita a reflexionar sobre la empatía y la solidaridad.

Mientras me encontraba en una cafetería de este municipio, observé a una señora acompañada de su nieta, una niña de aproximadamente 11 años, originarias de la localidad de El Chote. La pequeña se acercó con timidez a ofrecer escobas elaboradas con palma. Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue su mirada; una mezcla de inocencia, necesidad y anhelo.

Al percibir esa situación, decidí invitarlas a pasar para que pudieran consumir lo que desearan. No se trata de presumir una acción, sino de compartir un momento que puede motivar a otros a actuar con empatía. Quizá ese gesto quede guardado en la memoria de la niña y, en el futuro, ella misma pueda replicarlo con alguien más.

La señora, identificada como Juana del Ángel, comentó que acude cada 15 días a vender sus productos, aunque no siempre logra buenas ventas. En ocasiones, incluso, regresan a casa sin haber probado alimento.

Historias como esta nos recuerdan que muchas personas enfrentan realidades difíciles, y que un gesto sencillo puede significar mucho. Como sociedad, es importante fomentar la conciencia y la sensibilidad hacia quienes más lo necesitan, especialmente cuando se trata de la niñez.

Nunca sabemos por lo que atraviesan los demás, pero siempre podemos elegir hacer la diferencia.

Dios les bendiga abundantemente.